NUEVOS COMIENZOS: EMPEZAR DE CERO

A veces en la vida necesitamos romper con nosotros mismos/as, nos surge desde dentro el deseo imperioso de decir “basta”, oímos desde algún lugar oculto de nuestro interior una voz tediosa que nos susurra constantemente que es hora de poner punto y final. Y de empezar de cero. Empezar de cero, esto es, de esto precisamente se trata, y de esto precisamente trata ese texto.

El día a día, la cotidianidad, al fin y al cabo no son un más que una secuencia continuada de ciclos, ciclos que se repiten, que se superponen, que se solapan, o que se excluyen mutuamente…..hasta que de repente decidimos que uno de estos ciclos ha llegado a su conclusión y no debe repetirse: fracturamos la rutina, por decirlo de alguna forma, y le borramos el contorno.

En este punto exacto es donde empieza el nuevo mañana, el mañana que queremos conocer, explorar, y con el que aspiramos a enfrentarnos, aunque lo entendamos en el mejor sentido de este término.

Este nuevo mañana aparece como necesidad ineludible para librarse de una situación –o de una sensación- de estancamiento extremo. Ahí es cuando la molesta voz interna que mencionábamos antes nos taladra la mente con su exigencia de novedad.

Sin duda es una emoción poderosa ésta de lidiar con un nuevo comienzo, con una nueva realidad, es una emoción intensa que nos absorbe globalmente, desde la cabeza hasta los pies, porque en ella se mezclan estados de ánimo tan dispares como son el entusiasmo, el miedo, la esperanza, o la inseguridad.

Nos sumergen cantidad de preguntas sin respuestas, cuando empezamos de cero, y quizá precisamente en esta ausencia de respuesta, que caracteriza cualquier comienzo, reside su mayor fascinación. Las respuestas las aplazamos para un momento indefinido del futuro en el que creamos que tendremos tiempo para ellas….pero hay una pregunta que quizá sea la única que sí tenga una respuesta. Es ésta: ¿Cuándo empezamos de cero realmente es desde cero que empezamos? ¿O en realidad es desde uno? ¿O incluso desde cien? Si lo pensamos bien, los recuerdos no desaparecen de nuestra mente por arte de magia, ni tampoco lo hacen nuestros espectros del pasado.

Repito por tanto la pregunta: ¿realmente empezamos desde cero?

Les dejo a ustedes las respuestas que quieran aportar.